El fieltro de lana se caracteriza por la tendencia natural que tienen sus fibras de enredarse bajo la acción conjunta del calor y de la humedad, de la presión y de los golpes repetidos. Esta cohesión no es por lo tanto realizada ni por agentes de unión o adhesivos, ni por una ligadura o tejido.
Primitivamente, el fieltrado se hacía a mano, después del esquile y lavado de la lana. El principio queda, en nuestros días idéntico, pero en la era de la industrialización, los procedimientos han sido mecanizados y perfeccionados.
